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LOCALES Hay casas que volvieron a quedar al borde de la barranca del arroyo Antoñico
Viviendo a un paso del vacío
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 Miércoles, 30 de Junio de 2010 00:00   

Al borde del peligro. Las familias conviven con las barrancas al borde del derrumbe todo el tiempo. La situación preocupa. FOTO JOSE MERLO

En marzo, las lluvias copiosas dejaron a tres viviendas de calle Laprida a escasos metros del precipicio. La Comuna rellenó el sector con tierra, se recuperó terreno, pero hace un par de meses empezó a caerse. Eso relatan los vecinos, que se preguntan qué ocurrirá con el próximo temporal.

M.M.

Claudia tiende la ropa con los pies bien al borde del barranco. Es que parte de la soga ya está sobre el vacío, al igual que tramos de la construcción de la casa de su mamá.
Sin sobresaltos, se mueve —casi sin mirar— en el escasísimo terreno firme que queda entre la canilla, donde enjuaga prendas en un balde, y el precipicio. Sólo un paso separa la pared de la vivienda del socavón, que termina abajo, en el cauce del Arroyo Antoñico.
Mientras, otro sector de la precaria edificación está prácticamente en el aire. Es más, hay una puerta que da de lleno al vacío. “Por ahí se entraba al baño. Ahora tuvimos que abrir otra puerta por adentro de la casa”, cuenta Claudia Villanueva, una de las vecinas que vive desde hace más de 30 años en calle Laprida, a metros del puente.
En la zona, son tres las casas que cada vez están más cerca del borde. El problema, generado por los recurrentes desmoronamientos, viene causando desvelos no sólo a los habitantes de esta zona, sino también a aquellos que viven en lugares aledaños a los arroyos. Pero específicamente en este caso —de calle Laprida— el año pasado ya se derrumbó una vivienda: “Era de mi cuñada. Ahora está de prestado en un galponcito de la abuela, que se llueve todo”, recuerda la vecina, cuya casa es otra de las afectadas por la erosión.  

Obra precaria. Con las lluvias de marzo pasado, la situación empeoró. Fue entonces que los vecinos protagonizaron un corte de calle para pedir una solución, y desde la Municipalidad se resolvió encarar trabajos. Con “la tormenta de ayer (por el 2 de marzo) ‘corren peligro unas casas que están a la vera del arroyo, porque la lluvia socavó tres o cuatro metros de barranca y les queda un metro a la gente contra las casas’”, había dicho el subsecretario de Deportes Municipal, Roberto Ayala, con relación al panorama de la zona.
Con ese diagnóstico se procedió a rellenar la barranca: “Se volcaron muchísimas camionadas de tierra” y así se logró recuperar el terreno perdido. “Todo había quedado a la altura de este piso”, dice Claudia, señalando la magra franja de terreno firme que queda en pie. Pero la solución duró poco: “Hace unos dos meses, con las lluvias, se empezó a hundir todo (la superficie recuperada) y cada vez se va más abajo”, detalla la vecina, mientras muestra el peñasco de tierra de color más claro que parece haberse deslizado en escala. “No sé cómo lo hicieron (al relleno); pero uno no entiende cómo se pudo caer en tan poco tiempo”, reflexiona Claudia, quien plantea que el desbarrancamiento se acerca de forma preocupante a calle Laprida.
Ahora, el interrogante de los vecinos es qué pasará con la próxima lluvia fuerte.

En vilo. Carlos, dueño de la vivienda lindante, admite tener temor cada vez que hay mal tiempo y sólo pide que su casa “aguante un poco más”, hasta que pueda terminar de levantar una pieza en otra zona.
Es que —como el caso anterior— el terreno se ha retraído tanto, que “los cimientos están todos carcomidos”, describe y señala las grietas que han aparecido en las paredes y el piso. “Estamos corriendo riesgo, pero no queda otra. Yo me estoy haciendo una piecita, como puedo; pero me falta”, relata.   
Carlos vive en ese lugar —sobre Laprida— hace 12 años, cuando construyó ahí una casa humilde, tras mudarse de un sector aledaño al puente.
Respecto del arreglo de la barranca, dice estar decepcionado por los resultados: “Esto quedó casi como estaba. Solución no hay ninguna”. Y, sin esperanzas, habla de las promesas recibidas —“fueron un montón, hasta de la Nación”, abunda— y concluye: “Con las promesas no hacemos nada”.
En tanto, Claudia acota que están a la espera de novedades de parte del área de Acción Social de la Comuna porque, ante el pedido, se habría planteado la posibilidad de reubicar a tres familias en unos terrenos fiscales en la zona de calle Montiel. Por último, la vecina confiesa que pierde el sueño con las primeras gotas, que teme por sus cinco hijos, que no confía en la barranca.          

La vereda que se pierde en un gran socavón

Las lluvias de marzo también causaron estragos en la vereda  emplazada sobre la barranca norte de calle Laprida, de cara al barrio Francisco Ramírez.
Un socavón de magnitud dejó a un tramo de barandas en el aire y obliga a los peatones a bajar por la calle para seguir camino. El hundimiento sigue abierto, pese a que han transcurrido casi cuatro meses del temporal, y ayer no se observaban máquinas ni movimientos que den cuenta de la concreción de trabajos.  
El 15 de marzo, el sitio oficial de la Comuna, informaba que se continuaba “con las tareas iniciadas en calle Laprida, en barrio Francisco Ramírez, donde días atrás se desmoronó la barranca que sostiene la batea de desagüe que desemboca en el arroyo Antoñico, lo que derivó además en la rotura de la vereda”. Curiosamente, los trabajos estaban a cargo de una cuadrilla de la Subsecretaría de Deportes Municipal.
El parte explica a continuación que “el desmoronamiento se produjo como consecuencia de la cantidad de bolsas de residuos que se encontraron dentro de la batea, lo que ocasionó el anegamiento del desagüe. Colapsada la mencionada cuneta, el caudal rebalsó el encause y se filtró por la barranca”. En base a ese panorama, se anunció por entonces que se había comenzado “con la recuperación del espacio perdido y la reconstrucción de la batea y el paso peatonal”.

 
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