|
Casi como un axioma, que además suena bien, suele escucharse que más importante que crear una cooperativa es ser cooperativista. Sin embargo, cabe preguntarse qué serían unos sin la otra. Muchas son las organizaciones solidarias en las que se puede participar. Dentro del concepto de solidaridad están el asistencialismo, la beneficencia, el mutualismo, el cooperativismo.
En los dos primeros lo que se recibe como acto solidario no es necesariamente devuelto por el beneficiario. El Estado asiste a los que necesitan ayuda para superar situaciones límite: socorre, subsidia, nada de lo cual es devuelto. Los distintos cultos religiosos y las sociedades de beneficencia, se identifican en la propuesta de la ayuda respecto del fin que se persigue: hacer el bien a quienes lo necesiten. Se trata de una solidaridad que se materializa unilateralmente. En el caso de las cooperativas y las mutuales lo que las caracteriza es el esfuerzo propio para la ayuda mutua. Son organizaciones en las que las personas se reúnen para prestarse ayuda unas a las otras. Se constituyen con un aporte previo de los futuros asociados. Se supone que lo aportado aumentará y luego la franja entre lo que cueste sostener la institución y el sobrante logrado, llamado excedente, se distribuirá o se capitalizará según lo resuelvan democráticamente los integrantes de la misma. UNA OCASIÓN PROPICIA. Al celebrarse este sábado 3 de julio el Día de la Cooperación, es oportuna una específica referencia a lo que significa ser cooperativista, más allá de la oratoria fácil. Empecemos por definir las cooperativas como asociaciones de personas “que organizan y administran empresas económicas, con el objeto de satisfacer una variada gama de sus necesidades. Se basan en el esfuerzo propio y la ayuda mutua de los asociados, y atienden los intereses socioeconómicos de sus miembros, pero sólo en la medida en que esos intereses coinciden o por lo menos no se oponen a los intereses generales de la comunidad. Se rigen por determinadas normas de carácter igualitario y equitativo que, si bien resultan lógicamente susceptibles de evolución y de diversa formulación doctrinaria o legal, son en su esencia universales” (Drimer). Cooperativismo es, en consecuencia, una doctrina que reconoce a las cooperativas como su forma legal de organización, propiciando su difusión y velando por su consolidación. A TRAVÉS DE LOS AÑOS. A partir de 1844, se ha extendido en el mundo este movimiento, que, habiendo nacido mucho antes, se regiría en adelante por el modelo de los Probos Pioneros de Rochdale. Así el cooperativismo se ha desarrollado, lográndose experiencias extraordinarias. Se destaca en la actualidad el proyecto de Mondragón (España) conducido por un sacerdote, el padre José María Arizmendiarrieta. Hoy es la más importante experiencia cooperativa, en la que se dio el proceso de acuerdo con los principios rochdaleanos. Se avanza en los sucesivos pasos: cooperativas de primer grado, de segundo grado (federaciones), implementando una integración que le ha permitido un desarrollo en los distintos tipos: crédito, vivienda, transporte, producción, seguro, industrialización , educación, consumo, provisión de servicios, etc. Se da la novedad de haber creado un sistema de trabajo con desocupación cero. Posee además la primera Universidad Tecnológica, administrada autónoma y autogestionariamente según la forma cooperativa. POSTULADOS BÁSICOS. Es decir, de acuerdo con los Principios Universales de la Cooperación: 1. Adhesión Voluntaria y Abierta. 2. Gestión Democrática por Parte de los Socios. 3. Participación Económica de los Socios. 4. Autonomía e Independencia. 5. Educación, Formación e Información. 6. Cooperación entre Cooperativas. 7. Interés por la Comunidad. El cooperativismo, en nuestro país y en la provincia, como en todo el mundo, ha tenido un proceso de grandes dimensiones, y ha participado del desarrollo, apuntalando al Estado y a la actividad privada en épocas de crisis. El movimiento cooperativo en la República Argentina goza de un prestigio bien ganado, por lo que sería lamentable que siguieran ocurriendo, aunque todavía aislados, hechos que se dan en casos de cooperativas con problemas . Allí se pretende resolver la situación mediante formas capitalistas de organización, como las sociedades anónimas (SA). Una conducta de tal índole responde, por lo general, a ignorancia o a falta de compromiso con la filosofía, la doctrina y la ética cooperativas. Estas cosas no sucederían más en la medida en que las cooperativas sean administradas por asociados fieles a los principios antes mencionados. Cuando existe una actitud de indiferencia por parte de los asociados respecto de la conducción de su empresa es porque se descuidan la educación y la capacitación cooperativas. Cuando las cooperativas fracasan es por lo general efecto de una carencia manifiesta de compromiso cooperativista por parte de sus dirigentes. NECESARIO COMPROMISO. Ser cooperativista es defender, observar, difundir, cómo debe funcionar, con democracia, equidad y autogestión, un emprendimiento de este carácter, al que se debe preservar de recetas capitalistas. Es tener presente que el cooperativismo nació para aliviar el dolor de los pueblos maltratados por el capitalismo salvaje, así calificado por Juan Pablo II. Es luchar contra la pobreza por un camino distinto, no por “acciones”, sino por el ejercicio de la democracia y la libertad de la persona, independientemente del dinero que posea, y sin la especulación despiadada, generadora de la injusticia social.
|